Movilidad reducida: El dilema de siempre
Díganme que no es cierto, pero cada vez que se habla de discapacitados, sean física o mentalmente hablando, siempre aparecen ciertas luces de esperanza, de posibles cambios sociales e incluso reformas las cuales llegan a bordear lo fantásticas que se dan en los medios de comunicación masivos, pero la piedra de tope se da cuando los costos y posibles implementaciones se dan a entender, sincerando la realidad y dejando todo en “veremos”.
Municipios como el de Macul ha tenido el atino en alguna de sus calles de construir accesos demarcados y con refuerzos de seguridad para que la gente en silla de ruedas cruce las calles sin problemas, así como también en Maipú existe un transporte móvil para discapacitados, con tecnología habilitada en el mismo, pero ¿la gente considera eso realmente cono una gestión válida? El problema radica en que por falta de información el asunto queda en una laguna sin salida, así como también muchos elementos destinados a facilitar el acceso a quienes no pueden terminan siendo deshabilitados por el lumpen, así como también viendo el típico problema con el uso de los espacios destinados para personas con movilidad reducida en los estacionamientos por gente común y silvestre.
Supongo que instituciones como el FONADIS están impulsando proyectos inclusivos permanentes, considerando no sólo a las personas con problemas graves, si no que también a quienes se sientan marginados de una sociedad en constante desapego de comprender y dar espacios a quienes lo necesitan.
Soñar es gratis.
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