kurotashio - un mortal como todos

17 de febrero de 2007

Transantiago, súbete (x detrás)

Ha comenzado en una seguidilla de problemas, postergaciones, detalles, frecuencias, enojos, inconformidades, rabias, claustrofobias, desordenes y muchos otros apelativos que sin dudas no deben ser del gusto del usuario común, acostumbrado al viaje largo para ir durmiendo, a los fierros sueltos (que aún persisten), a la cara de culo de sus choferes, al puterío hacía los estudiantes, a la cumbia villera, al "¿me shheva por sien tio?", y otros vicios más que hoy ya no deberían ser válidos, y hemos reemplazado por trasbordos, tarjetas BIP!, troncales, alimentadores, más el factor del pichichi desligandose de todo al ser imagen del plan estrella de la Concertación.

Todo ha funcionado desordenadamente, teniendo a personas excluidas por no tener servicios que les nutran de buses, además de los problemas en el cobro, la gratuidad que ha provocado que las latas de sardinas queden chicas al lado del Metro y los buses, y la bullada energía con la cual la gente a pesar de evaluar como las pelotas (que irónico a la imagen de la campaña jaja) el sistema amarillo, ahora lo añora con desesperanza, aunque aún existen micros viejas pintadas de troncales o alimentadores (una renovación completa de un paraguazo, hubiera obligado a subir las tarifas también de manera drástica y el mismo 10F).

Ahora, si bien hay personajes que conocemos como los grandes proceres del transporte (Manuel Navarrete) o también ya notamos a los verdaderos zombies del gobierno (Subsecretario del MTT, Danilo Nuñez), pero así como muchos ya han tenido la labor de ordenar un poco el asunto (Seres Urbanos :B), también tenemos a los disconformes con todo (ya saben quienes son ¿eh?).



¿Qué hacer? ¿Boicotear? ¿Protestar? ¿Encuevarse?

Opciones existen, pero dudo que sean viables, y hay que esperar los ajustes necesarios para que todos los santiaguinos y gente de regiones que nos visitan regularmente puedan disfrutar de un sistema que se adaptó a ellos, aunque de manera correcta y no con excusas (si incluso hasta los cantantes populares le doblaron la mano al sistema, al igual que la conformación del sindicato de vendedores ambulantes), pero eso es una tarea que deben tomar días, meses o quizás años (para variar), y donde la paciencia necesitará más de alguna visita al Templo Votivo de Maipú o para los más osados, algún café con piernas, para pasar las penas del bus articulado.

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