kurotashio - un mortal como todos

17 de febrero de 2010

Santa Chabe no te la conoce

Puede ser algo al azar o sólo coincidencia, pero resulta ser común el comentario de pasillo en el Santa Isabel de Ciudad Satélite cuando hablan del poco stock de productos para elegir, incluso en días es posible “no” encontrar siquiera un tarro de arvejas (ni que estuviésemos en los setenta dirían los más nostálgicos), o incluso que algunas pechugas de pollo no estuvieran listas “por estar faenando aún”, pero era una realidad, el mismo lugar que alguna vez albergó un cálido concepto supermercadista llamado Montecarlo, hoy era parte de ese diversificado holding llamado Cencosud, pero claro, a nivel macro sin dudas las cosas pueden resultar maravillosas, pero la realidad en cada punto de venta no es tan maravilloso, o quizás puede serlo, al menos en un futuro lejano, más allá de las competencias cercanas, total, muchos van a comprar a otros supermercados y el Santa Isabel del barrio es más que nada una especie de almacén para algunos, acostumbrados ya al ver que “es lo que hay no má”.

De todas maneras, es inigualable ver la fauna que se puede encontrar no sólo aquí, también las réplicas en otros Santa Isabel, Lider, Jumbo, Ekono, Unimarc o incluso en la Bandera Azul, donde no van a faltar quienes lleven ese pack de yogurt casi volando en las barras laterales del carro, comer el pan caliente dentro del local, o así como también tomar las bebidas o jugos sin previo pago de su tarifa, aunque lo más común también es el al llegar a la caja, comúnmente la “Express”, y ver que algunos no sólo pagan con RedCompra bloqueadas, si no que llevan carros llenos de mercadería, dudosamente con “10 unidades máximo” en su interior, pero claro, nuestra cultura solo ve una “caja” como concepto central, y atinamos a llegar no más. Bajo lo anterior, perfectamente podría ir a una “caja preferencial futura mamá”, considerando mis cachorritos vieneseros a bordo, ja!

Sin embargo, no puedo olvidar recalcar el hecho de la ubicación de los salones de venta, claro, probablemente los manejos son más que nada gracias a la capacitación previa o instrucciones de los gerentes de cada local, pero sin dudas la atención que podrían darme en el Santa Isabel de Apoquindo con Tomás Moro, donde incluso la chica de empaque te saludaba amablemente era nada comparado con el caso de mi Santa Isabel local, quizás por una cosa de ánimo, por probables prejuicios de “ahhh… me saludó, que extraño, un bicho raro” o sólo las exigencias del publico son tan distintas tanto en Las Condes como en Maipú, quizás incluso frente a las expectativas de cómo uno desea ser atendido, aunque viejas/os reclamones, prepotentes y más encima levantados de raja existirán siempre, y quizás puede ser una motivación para instaurar un modelo de respeto y cortesía en diversas escalas, según conveniencia, según comuna, según la realidad que hay.


Como una forma de consuelo, al menos queda esperar que con las “bodegas” que están instalando cerca de la villa, los chicos del Santa Isabel al menos logren avisparse y no imponer siempre “lo que hay”, y lograr contar con mayor diversidad de productor, con “libre elección” frente a un mercado donde finalmente el cliente siempre tiene la razón (o al menos es la idea).

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5 de abril de 2009

Nula (al parecer) creatividad y asombro

Por motivos varios, he perdido la capacidad de crear y asombrarme con lo común de la vida, quizás por motivos laborales o simple agotamiento de las ideas con sabor a verdad...

Quizás necesite algo más que una simple motivación para retomar lo que antes tenía más activo en mi pensamiento.

¿Existirá alguna receta para retomar los tiempos mejores?

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28 de marzo de 2009

Ambición desesperada

Nadie debe negar que ganar un poco más de plata dentro del día puede generar una sonrisa de extremo a extremo, aunque sin dudas, el cómo se genera la misma es el asunto clave para entender su posible adicción a la manera de recaudarlo. No necesariamente nos remontamos a la delincuencia callejera o las estafas varias, si no a un factor bastante común y masivo en los sectores populares: Las máquinas de azar.

Todos los días es posible ver a varias señoras, niños e incluso abuelitos insertos como lapa sobre estas máquinas, como cual casino de juegos, incentivan a que la inversión en tiempo para intentar generar ingresos de "fácil manera" sea un vicio infernal. Como experiencia personal, no hallo el día en que mi madre no cuente sus peripecias en un almacén cercano a la casa, donde ha perdido cerca de 3 mil pesos en varias jugadas, y ha terminado ganando incluso 20 mil. Aunque ello es tan relativo como las tantas veces que ha llegado incluso a ir más de una vez al día a este local. También es común ver a la dueña de casa de ese boliche intentando ganarle al destino, aunque finalmente los ingresos, gane o pierda, terminan siendo para ella igual.

Lo anterior me recuerda a las tipicas lotas de antaño, las cuales aún siguen siendo tan comunes en el Litoral Central, aunque con la crisis reinante, los premios ya no comienzan con una barra de chocolate o una caja grande de galletas, sólo cosas minimas que no superan los $200, y donde los grandes premios con suerte se dan a la segunda llenada de cartón. Quizás también la muestra clara de poder sortear un futuro más austero con las famosas cajas de mercadería que propinaban era una clara opción de festinar en mejores resultados para próximos juegos, pero claro, algunos finalmente desistian de seguir en la carrera por ganar, simplemente por haberlo perdido todo (al menos en ese instante).

Este viernes, me tenté por un rato con las maquinitas, esperando a ganar algo más que $1.000, y al menos me llevé una buena cantidad de dinero, aunque sin dudas no cambiaría mi "gran estado laboral" por venir a escuchar unas maquinitas botando plata... Mejor me hubiera dedicado al fútbol.

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23 de octubre de 2007

Lo que no pudimos hacer

Cuando te das cuenta que el tiempo pasa como si nada, es donde comienzas a sumar y seguir dándole rienda suelta a los recuerdos, no sólo los positivos, también esos que alguna vez deseaste quitarte de la cabeza eternamente, más allá de la precaria manera de sobrevivir con alguna nota loca del ramo condenado o sorteando materiales a bajo costo para sus maquetas locas… Es tiempo de la realidad, del trabajo “en serio”, y conversando hoy con Magdalena – a quién no veía desde que salimos del instituto, y de pura suerte nos topamos en la fila del bus Super Expreso a Maipú – con todos los cambios experimentados en este mundillo “después de la educación superior”, entablando relaciones comunicacionales con nuevos engendros humanoides, de todo tipo: altos, chiquitas, guachotes, pechugonas, pesados, simpáticas, entre otros, quizás lo mismo del instituto/universidad, pero en un área más similar a lo que uno vivió académicamente por más de 4 años, con todo el ajetreo de las pruebas de antaño, los exámenes salvadores, así como también las prendidas de velitas al sistema informático que sacaba tus promedios con un porcentaje mejor al que esperabas…

Tiempos aquellos, y quién lo diría, a meses (o casi semanas) de cumplirse un año donde la vida giró en una cantidad de grados centígrados increíble, emulando estar bien, pero viendo las perspectivas con un sabor distinto, con aires de seguir siempre con la misma facha, el mismo pensamiento, pero mirando objetivos relativamente distintos a los pensados desde la sala de clases, donde ya no hay un profesor/a que te dará una oportunidad por buena onda, y simplemente queda hacer todo para ayer (mientras el computador de la pega te acompañe, claro).

Por
lo mismo es que me alegra ver que muchas cosas que de alguna forma se intentaron hacer en el instituto, hoy están siendo capitalizadas por los chicos de otros semestres (El Chispero), quienes han intentado ver con otros ojos la realidad estudiantil (al menos en mi carrera), y darle un espacio para que no sólo sean clases y más clases las que se vivan todos los días, quizás para que el ketchup y la mostaza del completo diario pasen siendo acompañadas con algo de palta o salsa de queso.

A todo esto, ya somos 5 personas que hemos dado la tesis hasta hoy. Mis felicitaciones a la dupla de Hernán / Felipe, quienes salieron airosos de ese cacho… Y ha de esperarse que a fin de mes pueda recibir por fin mi título de Publicista.


Mañana, a trabajar, como siempre.

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19 de marzo de 2007

¡Vamos! El mundo real nos espera

Cada día me doy cuenta que mi estadía en este verano personal están más que contadas, más aún cuando veo que hay muchos compañeros que hace rato que comenzaron sus prácticas profesionales en mega agencias publicitarias (con un sueldo de mierda si), y uno aquí, comentando cositas en el Blog, actualizando algunos lazos sociales o simplemente estirando los pies y brazos al son de mi camita.

De seguro dirán “¡puta el flojo ql!”, lo cual es totalmente válido, sin olvidar que los trámites burocráticos de andar buscando pega tampoco son de mi agrado, pero finalmente sé que tengo el deber de realizarlos, que nada es en bandeja, sin dudas. Ahora, tampoco tengo que estar tan ilusionado, ya que mi labor final puede ser opacada por otras realidades, si bien tengo aptitudes para poder estar en el área creativa, así como también en cuentas, nadie puede asegurar que entre directamente a una agencia, más allá de mis capacidades y cuanto me crea el cuento, al fin y al cabo es un trabajo más como cualquier otro, con sus pro y contras.

Luego de 4 años en salas de clases, con luchas por notas, peleas varias, compañeros/as que se quedaron atrás y otros que surgieron más de lo esperado… todo ya es parte de un pasado almacenable en la mente, y lo que te implica, al menos en mi caso - a semanas previas para dar mi examen de título – dar con un rumbo acertado, que permita mostrarme que todo lo realizado en el instituto y en otras instancias no fueron en vano, y que puedo ser un profesional hecho y derecho, sin importar que el entorno no sea necesariamente acogedor o en una de esas, permita desarrollarme tan perfectamente acompañado de mucha gente valiosa, ni idea…

Todo sea por lograr ser parte de una sociedad exigente, aunque esta misma a veces actúe a medias.

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